Los científicos advierten que la acumulación de biomasa y la crisis climática generan megaincendios que desbordan por completo la capacidad de extinción de los bomberos.
La actual temporada estival está marcando un punto de quiebre dramático en la península ibérica. Pese a que España posee uno de los sistemas de extinción más avanzados y eficientes del planeta, el comportamiento de las llamas ha mutado radicalmente. Con focos históricos devastando simultáneamente provincias como Ávila, Madrid, Zamora y Castellón, las autoridades y la comunidad científica coinciden en un diagnóstico alarmante: “Hemos entrado en la era de los incendios que no se pueden apagar”.
La ferocidad y velocidad con la que se propagan los frentes de fuego ya no responden a los patrones tradicionales. Las llamas actuales son capaces de superar con facilidad los esfuerzos técnicos y humanos.
Incendios que queman «como bombas atómicas»
El término «fuegos inextinguibles» no es una metáfora. Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida, explica que estos megafuegos liberan una cantidad de energía equivalente a varias bombas atómicas.
Esta virulencia extrema es el resultado directo de un «cóctel explosivo»: una primavera lluviosa que generó abundante vegetación, seguida de sequías repentinas y olas de calor extremas con registros superiores a los 40 °C. Las llamas queman con tal violencia que desarrollan una dinámica propia: crean nubes de fuego o pirocúmulos que alimentan la base del siniestro y modifican la meteorología local, imposibilitando cualquier ataque frontal de los brigadistas.
El debate entre apagar y prevenir
La crisis actual ha reabierto las críticas hacia las políticas de gestión del suelo en el país. Según datos de expertos y organizaciones medioambientales como WWF España, el presupuesto público sigue enfocado de manera desproporcionada en la respuesta de emergencia:
- Costo de extinción: Apagar una sola hectárea incendiada cuesta alrededor de 20.000 euros.
- Costo de prevención: Evitar que esa misma hectárea arda mediante pastoreo controlado, cortafuegos naturales y limpieza forestal cuesta apenas 500 euros.
A esto se le suma el abandono del entorno rural y la falta de actividades agropecuarias tradicionales, lo que convierte a los montes desatendidos en inmensos depósitos de combustible vegetal altamente inflamable.
Un cambio en la estrategia de supervivencia
Ante este nuevo escenario geográfico y climático, los especialistas afirman que los servicios de emergencia deben priorizar la defensa de las vidas humanas por encima de la protección del terreno forestal.
Cuando un incendio se sale de control, las tareas se concentran en planificar evacuaciones masivas, proteger núcleos habitados y esperar a que las condiciones meteorológicas cambien o que el fuego se quede sin material disponible para continuar avanzando. La era de la extinción total ha terminado; ahora España se ve obligada a aprender a convivir con el peligro de la nueva cultura del fuego.
Por: IG @Ecuaradio
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