Dirigentes y trabajadores avanzan hacia el Centro Histórico, en medio de un gran contingente policial y militar.
A las 07:30 del 1 de mayo de 2026, la unidad 34 del Trolebús reunía a viajeros con destino al Centro Histórico, deportistas y personas que se dirigían a la marcha del Día del Trabajo. Como siempre.
Lucilla Gómez, profesora, dejó claro que hoy no daría clases particulares, como suele hacer los feriados. “Hoy es de lucha”, dijo, mientras avanzaba entre cierres viales y el ritmo lento del transporte. Para ella, integrante de la Unión Nacional de Educadores, cada obstáculo era también una razón para expresar consignas.
“Marco Antonio”, taxista de Uber, compartía ese malestar: la falta de empleo lo mantiene lejos de su profesión como ingeniero. “Por eso me voy a la marcha”, afirmó.
Ya en la avenida 10 de Agosto y Bogotá, las voces ciudadanas se cruzaron con las de dirigentes como José Villavicencio, del FUT, y Geovanni Atarihuana, de Unidad Popular. A ellos se sumaron Andrés Quishpe y Natasha Rojas de la misma tienda política, quienes insistieron en la criminalización de la protesta y en críticas al gobierno de Daniel Noboa.
Entonces, la jornada del 1 de mayo de 2026 escenifica en las calles dos niveles de discurso: el de la dirigencia y el de la gente común. Ambos puntos de vista coinciden en algo: la valía de la protesta en estos momentos en Ecuador.
A escala nacional, las movilizaciones se replican en distintos puntos, durante una jornada que combina memoria, reclamo y presencia en las calles.
Adicionalmente, como lo reportó Radio Pichincha, desde ayer (30 de abril) se cerraron varias avenidas y se observó un gran presencia militar y policial.
Fuente: Radio Pichincha
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